Aquí se trata de todo lo que se ve y se toca: bases de madera y chapados, frontales cepillados o anodizados, cristales de dial amarilleados, ventanillas opacas, botones y conmutadores con holgura, serigrafías desgastadas. Se restaura la sustancia: no se laca por encima ni se tapa con adhesivos.
El límite lo trazamos a conciencia: la pátina que cuenta la historia de un equipo se queda. De uno de cincuenta años no sale un equipo nuevo, sino el mejor ejemplar de su añada. Lo que falta o está destruido lo sustituimos, y le decimos qué se conserva original y qué no.